
La Casa de Mi Abuela
Gonzalo Estrada Ortiz de Montellano .
“Cuando los trazos de tu pluma sean con lagrimas en lugar de tinta , sabras que quien
escribe es el corazon“
Salí de la junta exhausto, había llevado meses el llevar a termino el proyecto sin embargo no me
sentía satisfecho, cruce la recepción mascullando una media despedida a la recepcionista,
-hasta luego licenciado, que tenga un buen viaje de regreso,
Con el portafolio en la mano y varios folders en la otra esgrimí un apresurado saludo a mitad ya
de la escalera
Salí del edificio encontrándome un clima bastante agresivo,
- que calor pensaba yo, acostumbrado como estaba al clima y aire acondicionado de las oficinas,
puf ¡ qué infierno seguía pensando mientras cruzaba el estacionamiento hacia el auto de renta,
mire el reloj, mm. Pense, estoy a tiempo para llegar al aeropuerto, de hecho estoy con tiempo
sobrado para hacer algo, mm. , pero que, varias ideas cruzaban mi mente pero ninguna de ellas
me agradaba demasiado, de hecho él encontrarme sin que hacer a las once de la mañana
comenzaba a desconcertarme y la idea de pasar varias horas en la terminal del aeropuerto no me
llamaba la atención, subí al carro y mientras comenzaba a manejar, varias ideas cruzaban mi
mente, a cual mas una que otra, todas eran descartables, me enfilaba hacia el aeropuerto cuando
llamo mi atención un letrero en la autopista, era el nombre del lugar donde había nacido y
crecido, la idea de estar tan cerca no había cruzado por mi mente, una sonrisa surco mi rostro,
porque no pense, esta tan solo a media hora y tengo tiempo de sobra, vaya pues
Corrige el rumbo del volante y enfile hacia mi pueblo natal, mientras cruzaba la carretera, los
recuerdos comenzaban a llegar poco a poco, como invitados a una fiesta
Saque en cuenta que tenia mas de 20 años de no regresar, había salido desde la preparatoria
para estudiar en la ciudad de México, recuerda que la idea había sido salir únicamente para
estudiar la carrera y después regresar, y como no iba a regresar si tenia mi novia y todos mis
amigos estaban ahí, como no iba a regresar, pero que caray, llego la universidad y un año se
sucedió a otro, mientras recorría la carretera mi mente vagaba hacia aquella comida de despedida
con mi novia y mis mejores amigos de la presa, donde nos decíamos ella y yo que era lo mejor y
que solo seria por unos años, que yo me iría y que en cuanto pudiera comenzaría a trabajar y
podríamos tomar una decisión juntos, recordé esa tarde, ambos teníamos el corazón en un
palmo y sin embargo ninguno de los dos estaba triste, estabamos llenos de esperanza, de
ilusiones y como podía ser de otra forma, éramos jóvenes y teníamos el corazón lleno de amor
La mire de frente viendo sus ojos, notaba su esfuerzo por no llorar, note el mío por no flaquear,
se me quedaba viendo con sus ojitos de capulin y una lagrima comenzó a brotar de ellos, no
llores por favor chiquita, es para el bien de los dos, ya veras, le decía yo tomándola de la mano al
tiempo que tragaba duro para que no me fallara la voz en ese momento, ella tomo su anillo de
graduación que recién le habían entregado y me lo dio, intente ponerlo en mis dedos pero en
comparación mis manos eran demasiado gruesas, ella tomo una cadeneta de su cuello lo puso
ahí y me lo coloco sonriendo, es para que no me olvides, como podría hacerlo mi amor
Pasaron los meses, pasaron los años, al principio iba muy seguido a visitarla, a verla a ella, a
convivir con los amigos, a ver a mi familia, pero poco a poco las visitas se fueron espaciando, las
razones lógicas y los pretextos se fueron sucediendo unos a otros, hasta que al fin ya no hubo
mas viajes, terminamos por correo o por teléfono ya nunca supe en que momento, o si
simplemente ambos dejamos de interesarnos, guarde su anillo por un tiempo, hasta que un ida
decidí visitarla para devolvérselo, la reunión fue fría y dolorosa, recuerdo algo de nuestra ultima
conversación donde yo buscaba justificarme y dar razones de lo difícil que había sido para mi, ella
me contesto, -siempre es mas difícil para el que se queda , que curioso, es lo ultimo que
recuerdo y creo que tenia razón, el que se queda sufre mas
Mientras así pensaba, llegue a mi pueblo natal, las calles se sucedieron unas a otras y con ellas
los recuerdos, mi cara se llenaba de sonrisas, aquí y allá, las calles traían recuerdos, los
recuerdos, emociones,
Automáticamente y sin pensarlo, enfile hacia casa de mis abuelos, su casa estaba prácticamente
en el centro de la ciudad a escasas cuadras de la alameda central, la alameda que gratos
recuerdos me traía con su pequeño lago y sus esporádicos patos
La alameda , que de cosas pasamos en la alameda, me dirigí hacia ella dando vuelta por la calle
de victoria a la derecha, baje la velocidad la iglesia de san Esteban me recibió del lado derecho, a
misa de doce decía mi abuelo y saliendo de ahí a comer recordé con cariño la comida de los
domingos en casa de mis abuelos, llegaban los tíos y los primos y la casa se llenaba de alegría,
había los primos grandes, y los pequeños me encantaba ese bullicio me encantaba ese calor a
determinada hora mi abuelo prendía la televisión y veíamos la pelea de boa en el programa la
cabalgata deportiva de Guíllete, después recuerdo el espagueti con salsa de tomate, a por vida
del santo Cristo ¡, que delicioso cocinaba mi abuela, como adoraba yo ese Plato el espagueti con
salsa de tomate y vaya que no era lo único que sabia cocinar mi abuela, no señor, vaya que no.
Con este pensamiento en la mente y la sonrisa en el rostro, cruce por el cine palacio, con tristeza
me di cuenta de que ya no funcionaba, esta cerrado, no había letrero alguno que indicara él
porque del cierre o algún plan para reabrirlo, simplemente estaba cerrado, continúe hacia la
esquina y volví a doblar a la derecha, pase esta vez enfrente del cine Saltillo, este aun funcionaba
pero lo veía triste decaído, al llegar a la calle de acuña di una vez mas vuelta a la derecha hasta
llegar a la casa de mis abuelos,
Mis abuelos habían fallecido recientemente y la casa permanecía cerrada, hasta ese momento no
me di cuenta que probablemente no hubiera nadie y que debería de haber llamado antes a
alguien algún familiar para ver quien estaba a cargo, quien tenia las llaves, en fin, ya estaba ahí,
por lo que decidí bajar y tocar la puerta, camine hacia la puerta principal que daba hacia la calle
de acuña, la casa tenia tres entradas, una principal hacia la calle de acuña, otra adentro que daba
hacia una privada y la puerta posterior en la cocina, toque de nuevo atisbando por las rendijas
de la puerta y por la ventana esperando ver a alguien, al fin, reconocí una figura femenina que
caminaba hacia la puerta, quien? Pregunto la voz, buenas tardes respondí, buscando
mentalmente una respuesta adecuada, quien le digo que soy, a lo mejor esta persona no tiene ni
idea de quien soy, la puerta se abrió al fin y sonreí al reconocer a concha, una enfermera que
había estado con mi abuelo muchos años, que pasa concha ya no me reconoces? , ella se me
quedaba mirando con recelo tratando de reconocer quien era yo, ya me veía para arriba ya me
veía para abajo y no daba, -soy el hijo de la señora martha, soy nieto del doctor,
-su cara se ilumino de pronto y sonrío desde el fondo de su corazón, ay joven, pero si ya no lo
reconozco esta echo todo un hombre, mire nomás si ya hasta canas tiene, le sonreí a concha y
ahora hasta gordo está concha, ya ve, no decía que yo nunca iba a subir de peso, ambos reímos
con mucho gusto, pero pase, pase joven, -gracias concha, esta haciendo bastante calor y
prefiero estar adentro, pues pásele joven, estoy nomás yo sólita así que no se preocupe, iba yo
de salida al Mercado, se le ofrece algo? , No concha gracias un refresco a lo mejor dije yo, un
refresco? Pregunta ella, una soda concha una soda ¡, a ta bueno, pásele joven que al ratito
vengo, y diciendo esto salió presurosa a su mandado,

Libro del Mes : La Casa de mi Abuela
Autor : Gonzalo Estrada Ortiz de M.
Estilo : Cuento Costumbrista Contemporaneo
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